Web 2.0: ¿aplanando personalidades?

Leer la entrada de Salva sobre lo mala idea que es mezclar Twitter y Facebook ha activado un pensamiento que estaba rondándome desde hace un tiempo, y como he recordado que tengo un blog, pues aquí va una interminable entrada de más de 1000 palabras que me obliga a usar el More.

El tema son las consecuencias de que todas las personas que conoces tengan acceso potencial a todo lo que haces en Internet. Con el agravante de que ahora tú mismo lo concentras y dejas toda esa información a un click de distancia.

Antes de meterme de lleno en el tema, tendría que hablar primero de las personalidades múltiples que adoptamos todos día a día. No es nuevo afirmar que nuestra personalidad varía dependiendo del contexto, de la relación que tenemos con las personas con las que estamos. Y es así por un buen motivo, al menos está comprobado que funciona.

Un buen ejemplo de qué sucede cuando nos confundimos de personalidad lo leí el mes pasado sobre una anécdota narrada por Lord Zoltan. Una conversación normal con nuestros colegas es muy probable que sea impensable con nuestra familia o con nuestros compañeros de trabajo, sobre todo si son de mayor nivel.

En la vida real es fácil cambiar de registro y, como nuestras conversaciones o acciones se pierden en el tiempo como lágrimas en la lluvia, el grupo de personas que experimentan esos instantes es conocido en todo momento y es cerrado en principio. Está claro que luego ese conocimiento es fácil que llegue a terceras personas por el boca a boca, pero despreciaré estos efectos laterales de la vida real porque simplemente no son las cuestiones que quiero discutir ahora.

Por suerte o por desgracia, en una Internet participativa el cambio de registro no es automático, principalmente porque mucho de lo que escribimos (o colgamos) se realiza en un soporte indeleble. Hace unos años no era ningún problema: había muy pocas páginas personales, los principales medios de comunicación eran los chats y la mensajería instantánea, los nicks eran la norma y, lo más importante de todo, la red no se había masificado.

Así, que tu tía leyera lo que escribiste hace un mes sobre esa película tan chula era prácticamente imposible. ¡*No hay problema de cambio de registro*! Puedes usar las palabras que quieras, las expresiones que te apetezcan, decir tus opiniones sin miedo a represalias.

Pero con la llegada de las redes sociales y la digitalización de muchos aspectos de nuestra vida (sin ir más lejos nuestro trabajo), al final solo podrán existir dos niveles de anonimato: al 0% o al 100%. O usamos un nick y nos olvidamos de integrar nuestra vida real con nuestro Matrix particular, o exponemos todos los detalles y huellas digitales que dejemos a todas las personas que conocemos.

Lo ideal sería tener un control sobre nuestra vida digital y desgranar en varios niveles las personas que pueden acceder a nuestra información. De hecho se puede en la mayoría de los casos, haciendo privada la información en X servicio (Twitter, Facebook, etc…). Y si no se puede, usamos un nick diferente y se consiguen resultados similares. Sin embargo, no deja de ser una chapuza que falla al intentar modelar la limitada realidad en esta web pensada para ser totalmente abierta.

Es una chapuza en primer lugar porque se pueden producir muchas fugas. También pasa en la realidad (amigo bocazas), pero seguimos con el mismo problema de que, si ese amigo te enlaza/cita y escribe en otra web, esa información está accesible a cualquiera en cualquier momento. Los amigos de mis amigos pueden no ser mis amigos, y aunque yo quiera que no sepan detalles íntimos de mi vida, al final es inevitable.

Además, es muy problemático y genera malas sensaciones al obligarte a rechazar a gente. Si mi madre se crea un Twitter, querrá seguirme, y puede que tenga que discutir con ella por qué yo no la acepto. Lo mismo con un compañero de trabajo que te cae fatal pero que aparentas llevarte bien, y con el que no quieres que tenga acceso a saber qué es lo que has hecho este fin de semana, por ejemplo.

En estos servicios sociales, la aceptación y el rechazo son absolutos, la falsedad, las mentiras piadosas y las medias verdades no están implementadas. Y aunque estén, estas herramientas se vuelven más engorrosas, así que no se usan.

Peor es en el caso de los blogs personales, en los cuales no tienes ningún control sobre quién los lee. Otra vez, puedes elegir si hacerlo privado o no, pero en un blog no tiene sentido en el 95% de los casos (estadística no contrastada). Como ejemplo podemos ver los blogs-terapia de Alexliam o de Esther: ¿qué os parecería que vuestros padres o vuestras ex-parejas tengan total acceso a vuestra situación amorosa actual? Todo esto puede tener consecuencias graciosas si somos adolescentes, pero si ya hemos entrado en una fase más adulta, hay que andarse con mucho cuidado.

Conclusiones: hay que aceptar que toda la gente que conoces pueden potencialmente acceder a todo lo que escribas en la red, aspecto que parecía olvidado desde aquellos tímidos comienzos. Si te desmelenas, carga con las consecuencias; si no quieres cargar con ellas, autocensúrate.

Una vez aceptado este carácter de Internet, deberíamos decidir dos cosas. La primera, que ya la he dicho, si anonimizar nuestro granito de arena en la red y escondernos debajo de un nick (solución noventera donde las haya), o campar alegremente con nuestro nombre y datos personales. La segunda, que da nombre a este artículo, si aplanamos nuestra personalidad o si cambiamos de registro dependiendo de la web sin importar las consecuencias.

La solución fácil (y algo cobarde) es aplanar nuestra personalidad en todos los sitios abiertos. Al aplanarnos, nuestra personalidad queda reducida al factor común de todos nuestros registros. Es algo bastante triste si nuestros registros son muchos, si siempre es el mismo pues no hay problema. Si acaso, usar un registro básico para la mayoría de las ocasiones y anonimizar aquellos aspectos más personales o que más vergüenza nos den.

La solución difícil, arriesgada y a la vez intuitiva es cambiar de registro como si estuviéramos hablando cara a cara con aquella persona dependiendo de la web donde comentemos. Pero requiere de una madurez y honradez (entre otros factores) que poca gente tiene o desea. Pese a esto, o debido a esto, preveo un aluvión de problemas generados por este caracter de Internet que será difícil de lidiar. Si ahora os parece que Internet es una causa infinita de malentendidos y problemas, esperaos a que el 99% de la población utilice Internet sistemáticamente…

Actualización: Creo que os vais a cansar de «leer noticias así:http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/Sabe/Facebook/demasiado/usuarios/elpeputec/20081101elpeputec_4/Tes.

6 alegres comentarios ↓

#1 Yira Albornoz el día 11.02.08 a las 7:07 am

Que gran post… 🙂
Me siento totalmente identificado con lo que dices
Por ejemplo, cuando vienen tus padres, se meten a Facebook y te agregan como amigo :P. No les puedes decir que no, pero no es agradable que vean toda la actividad que tienes ahí. Eso no debe ser así, no puede estar bien que tus padres sepan todo, todo lo que haces y dices.
Otro ejemplo, más extremo/raro, es que hasta hace poco casi todos mis followers eran españoles (por alguna extraña razón) por lo que yo empecé a acostumbrarme a usar modismos españoles en mis tweets, pero luego me agregaron algunos compatriotas que me dicen «WTF?» cuando se me salen palabras como «mola», «joder». Y si uso modismos chilenos, los followers españoles también me dicen «WTF?»
Y por último, esta cuando estas enojado con cierta persona, y te dan ganas de quejarte y decirselo a quienes conoces. Pero no puedes decirlo explicitamente en tu blog o en tu Twitter, porque luego va esa persona y lo lee, o lo que es más común, lo lee un amigo/conocido de esa persona y se lo cuenta 🙁
Pienso que lo más adecuado es hacer lo que dices al final, «aplanarnos» y comportarnos «»correctamente»» en todos los sitios públicos, porque si queremos guardar la privacidad de lo que decimos, siempre tenemos la mensajería instantánea, el correo, los directos de Twitter, etc.

#2 Aeris el día 11.02.08 a las 12:04 pm

Un tema muy complicado has ido a tocar. En mi caso, empecé lo má anónimanete que supe, pero poco a poco fui quitándome la armadura, y ahora es tan fácil encontrar mi rinconcito, como googlear un poco. Pero ya hay que ir aposta. En mi caso, prefiero apechugar con las consecuencias, si he dicho algo, es porque lo pienso.

Creo que hay que ser en todas partes la misma persona, comportarte igual. Si alguien que lees te parece gilipollas, antes de llamárselo, piensa si también se lo dirías a la cara.

#3 Vida social offline en la red: piensa en el usuario medio - el agujero de gusano el día 11.02.08 a las 10:32 pm

[…] que esto es sólo un punto más de un tema que ha tenido movimiento esta semana, el problema de las personalidades aplanadas, o la correcta gestión de tu vida social (offline u online) en la red. Pero esto merece un post […]

#4 Víctor Pimentel el día 11.02.08 a las 11:05 pm

Dos comentaristas, dos extremos 😛

Al final todos estos problemas espero que desaparezcan, principalmente porque nuestra personalidad se tendrá que adaptar a la fuerza. Esperemos que se gane en honradez, como dices Aeris, porque la única alternativa es la contraria, el aplanamiento de personalidad que tan poco me gusta.

Curiosamente, en la vida real ha triunfado lo segundo, que se conoce como «lo políticamente correcto»…

#5 Gestionando tus personalides online - el agujero de gusano el día 11.03.08 a las 7:16 pm

[…] lo analiza con un genial concepto: aplanando personalidades. Integrar Twitter en Facebook, publicar tus fotografías en alguna red social o hacer algún […]

#6 Tema Facebook filosòfic | NEXE Disseny Digital | Disseny Web Andorra | Publicitat Andorra el día 11.03.08 a las 9:22 pm

[…] un cas de “gent que a la feina llegeix el seu Facebook” i els problemes que pot causar. Víctor ho comenta i parla del “aplanamiento de personalidades”. Tags: facebook No […]

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